El día que el Ti Tumilleiro vio más de lo que quería ver
El día que el Ti Tumilleiro vio más de lo que quería ver Crónica de un rumor que recorrió el pueblo como un reguero de pólvora En los pueblos de Aliste, donde las palabras viajan más rápido que los coches y los secretos duran lo que tarda una gallina en cruzar la calle, hay historias que se convierten en leyenda sin proponérselo. Una de ellas comienza, cómo no, en un molino. Y no en uno cualquiera, sino en el de Valdardoño, donde el Ti Tumilleiro —hombre de vista fina y lengua aún más afilada— acudía aquella mañana a revisar el agua, el trigo y, de paso, las novedades del día. Lo que no esperaba era encontrarse con un espectáculo que, según él mismo contaría después, “ni en las ferias de San Vitero se ve cosa igual”. Allí, en una ancina, estaba el hijo del alcalde , empernicao como Dios lo trajo al mundo, enredado en circunstancias que la decencia obliga a no detallar, pero que el Ti Tumilleiro describió con una precisión que solo se reserva para los sucesos memorable...