๐‹๐จ๐ฌ ๐ญ๐ซ๐ž๐ฉ๐š๐๐จ๐ซ๐ž๐ฌ ๐๐ž ๐ฉ๐จ๐ฌ๐ญ๐ž๐ฌ ๐๐ž ๐ฅ๐š ๐ฅ๐ฎ๐ณ: ๐ฆ๐ž๐ฆ๐จ๐ซ๐ข๐š ๐๐ž ๐ฎ๐ง ๐จ๐Ÿ๐ข๐œ๐ข๐จ ๐๐ฎ๐ซ๐จ ๐ž๐ง ๐ฅ๐š ๐‚๐จ๐ฆ๐š๐ซ๐œ๐š ๐๐ž ๐€๐ฅ๐ข๐ฌ๐ญ๐ž


 ๐‹๐จ๐ฌ ๐ญ๐ซ๐ž๐ฉ๐š๐๐จ๐ซ๐ž๐ฌ ๐๐ž ๐ฉ๐จ๐ฌ๐ญ๐ž๐ฌ ๐๐ž ๐ฅ๐š ๐ฅ๐ฎ๐ณ: ๐ฆ๐ž๐ฆ๐จ๐ซ๐ข๐š ๐๐ž ๐ฎ๐ง ๐จ๐Ÿ๐ข๐œ๐ข๐จ ๐๐ฎ๐ซ๐จ ๐ž๐ง ๐ฅ๐š ๐‚๐จ๐ฆ๐š๐ซ๐œ๐š ๐๐ž ๐€๐ฅ๐ข๐ฌ๐ญ๐ž

     Durante muchos aรฑos, antes de que las grรบas hidrรกulicas y las plataformas elevadoras se hicieran habituales, los electricistas que reparaban lรญneas aรฉreas tenรญan que subir a los postes prรกcticamente “a pulso”. Para ello utilizaban unos รบtiles conocidos como ๐ญ๐ซ๐ž๐ฉ๐š๐๐จ๐ซ๐ž๐ฌ, ๐ž๐ฌ๐ฉ๐ฎ๐ž๐ฅ๐š๐ฌ, ๐ ๐š๐ซ๐ซ๐š๐ฌ ๐จ ๐ ๐ซ๐š๐ฆ๐ฉ๐จ๐ง๐ž๐ฌ ๐๐ž ๐ฉ๐จ๐ฌ๐ญ๐ž. Eran piezas metรกlicas que se sujetaban a las botas y a las piernas mediante correas, y permitรญan al operario clavarse o apoyarse en el poste para ir ascendiendo poco a poco.

      La imagen muestra un par de estos trepadores antiguos. Se aprecian las estructuras curvas de hierro, los apoyos para el pie y las correas de sujeciรณn. No eran herramientas cรณmodas ni ligeras. Eran instrumentos de trabajo pensados para una รฉpoca en la que muchas reparaciones se hacรญan con pocos medios, mucha experiencia prรกctica y bastante riesgo fรญsico.

     


Y al verlos, inevitablemente, vienen nombres a la memoria.

     En Alcaรฑices, al hablar de estos trabajos, me acuerdo de ๐“๐ข๐ง๐จ ๐€๐ฅ๐จ๐ง๐ฌ๐จ, uno de aquellos hombres vinculados a las reparaciones elรฉctricas de aquellos aรฑos. Tambiรฉn me seรฑalan a el seรฑor Honorio, del que no recuerda el apellido. Era portuguรฉs. Segรบn me han contado, muriรณ en un accidente mientras arreglaba una averรญa cerca de ๐‘๐ข๐œ๐จ๐›๐š๐ฒ๐จ. Despuรฉs, ๐‰๐จ๐ฌ๐ž́ “๐ž๐ฅ ๐‚๐ข๐ซ๐จ” sustituyรณ a Honorio en aquellas labores.

     Son nombres que quizรก no aparecen en los grandes libros de historia, pero sรญ forman parte de la memoria real de los pueblos. Porque la luz no llegaba sola. Habรญa personas que se subรญan a los postes, que salรญan con frรญo, lluvia o viento, y que asumรญan riesgos que hoy nos parecerรญan inaceptables.

     La lรญnea, segรบn recuerdo, pertenecรญa a ๐Œ๐š๐ง๐จ๐ฅ๐จ ๐‚๐š๐ฅ๐ฏ๐จ ๐…๐ข๐๐š๐ฅ๐ ๐จ, que vivรญa en la Plaza Mayor. Aquella red elรฉctrica, como tantas de la รฉpoca, dependรญa de personas concretas, de oficios transmitidos casi de palabra, de responsabilidad diaria y de una forma de trabajar que hoy queda muy lejos.

     ๐‚๐จ́๐ฆ๐จ ๐ฌ๐ž ๐ฎ๐ญ๐ข๐ฅ๐ข๐ณ๐š๐›๐š๐ง ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐ญ๐ซ๐ž๐ฉ๐š๐๐จ๐ซ๐ž๐ฌ

     El operario se colocaba un trepador en cada pierna. Cada pieza llevaba una especie de punta, garra o apoyo metรกlico que permitรญa agarrarse al poste, especialmente cuando era de madera. Para subir, clavaba o apoyaba una pierna, cargaba el peso sobre ella, elevaba la otra y repetรญa el movimiento.

     Ademรกs, solรญa utilizar un cinturรณn o correa de seguridad que rodeaba el poste y le permitรญa mantenerse sujeto mientras trabajaba con las manos. Aun asรญ, no debemos engaรฑarnos: aquello era peligroso. Una mala pisada, una correa gastada, un poste en mal estado o una lรญnea mal desconectada podรญan acabar en tragedia.

๐„๐ฅ ๐ญ๐ซ๐š๐›๐š๐ฃ๐จ ๐๐ž๐ฅ ๐ž๐ฅ๐ž๐œ๐ญ๐ซ๐ข๐œ๐ข๐ฌ๐ญ๐š ๐ž๐ง ๐ฅ๐จ๐ฌ ๐š๐ง̃๐จ๐ฌ ๐Ÿ•๐ŸŽ

     En los aรฑos 70, muchas reparaciones elรฉctricas en los pueblos se hacรญan con medios muy manuales. Las averรญas podรญan producirse por tormentas, viento, caรญda de ramas, aisladores rotos, cables flojos o problemas en los transformadores. Cuando eso ocurrรญa, el electricista tenรญa que desplazarse hasta el lugar y subir al poste para revisar la instalaciรณn.

     No bastaba con saber de electricidad. Habรญa que tener fuerza, equilibrio, oficio y valentรญa. Habรญa que saber mirar un poste y calcular si aguantaba. Habรญa que trabajar en altura con herramientas en la mano y, muchas veces, en condiciones meteorolรณgicas poco favorables.

     Hoy puede parecer una exageraciรณn, pero entonces era la realidad diaria de muchos trabajadores. Se reparaba como se podรญa, con lo que habรญa y con una mezcla de conocimiento, intuiciรณn y valor.

๐‡๐ž๐ซ๐ซ๐š๐ฆ๐ข๐ž๐ง๐ญ๐š๐ฌ ๐๐ž ๐ก๐ข๐ž๐ซ๐ซ๐จ, ๐œ๐ฎ๐ž๐ซ๐จ ๐ฒ ๐ฆ๐ž๐ฆ๐จ๐ซ๐ข๐š

     Estos trepadores son hoy piezas antiguas, casi de museo. Pero no son simples hierros viejos. Son testigos de una forma de vida y de trabajo. Hablan de los electricistas de pueblo, de quienes mantenรญan la luz en las casas, en las calles, en los talleres y en las explotaciones agrรญcolas.

     Cada marca en el metal, cada correa gastada y cada resto de รณxido recuerdan una รฉpoca en la que el mantenimiento elรฉctrico exigรญa mucho mรกs que tรฉcnica. Exigรญa cuerpo, riesgo y responsabilidad.

     Por eso conviene no caer en una nostalgia falsa. Aquellos hombres merecen respeto, pero no porque el trabajo fuera romรกntico, sino porque era duro. Y porque algunos, como el seรฑor Honorio, incluso dejaron la vida en รฉl.

๐”๐ง ๐ฉ๐ž๐ช๐ฎ๐ž๐ง̃๐จ ๐ก๐จ๐ฆ๐ž๐ง๐š๐ฃ๐ž

     Este artรญculo quiere ser tambiรฉn un pequeรฑo homenaje a todos aquellos que trabajaron en la electricidad rural de Alcaรฑices y su entorno. A ๐“๐ข๐ง๐จ ๐€๐ฅ๐จ๐ง๐ฌ๐จ, ๐š๐ฅ ๐ฌ๐ž๐ง̃๐จ๐ซ ๐‡๐จ๐ง๐จ๐ซ๐ข๐จ, ๐š ๐‰๐จ๐ฌ๐ž́ “๐ž๐ฅ ๐‚๐ข๐ซ๐จ”, ๐š ๐Œ๐š๐ง๐จ๐ฅ๐จ ๐‚๐š๐ฅ๐ฏ๐จ ๐…๐ข๐๐š๐ฅ๐ ๐จ y a tantos otros cuyos nombres quizรก se me escapan, pero que formaron parte de aquella historia.

     Todo aquel que, leyendo este artรญculo, recuerde algรบn nombre, alguna anรฉcdota o quiera rendirles un pequeรฑo homenaje, queda invitado a dejarlo en los comentarios.

     Porque la memoria de un pueblo no se conserva sola. Se conserva cuando alguien la cuenta, cuando otro la completa y cuando entre todos evitamos que esos nombres desaparezcan.

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