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En los pueblos de Aliste, donde el tiempo se mide por estaciones y campanarios, hubo un oficio que tejรญa vรญnculos invisibles entre vecinos, familias y ausentes: el de cartero. Y entre todos ellos, uno brillรณ con luz propia: Daniel Ferreira Carretero, nacido en Moldones pero vinculado desde muy joven en Figueruela de Abajo, pionero del servicio postal en Alcaรฑices y sรญmbolo de una รฉpoca en que cada carta era un acontecimiento.
Daniel fue uno de los primeros alistanos en obtener plaza como funcionario del cuerpo de Correos y Telรฉgrafos en Madrid, un logro que lo llevรณ de los caminos de tierra a los pasillos del Estado. Pero su vocaciรณn lo devolviรณ a su tierra, donde se convirtiรณ en el primer cartero oficial de Alcaรฑices.
Vestรญa con orgullo el uniforme reglamentario, gorra de plato y capa en invierno, y cargaba una cartera de cuero repleta de cartas, giros postales y paquetes. Su jornada era incansable: acudรญa varias veces al dรญa a la oficina central para completar los repartos, recorriendo calles y casas con la puntualidad de quien sabe que cada sobre lleva esperanza.
Daniel falleciรณ joven, en 1962, dejando a su viuda al frente de una familia numerosa. Aunque ninguno de sus hijos siguiรณ su oficio, dos de sus hijas —Marรญa Ferreira y Concepciรณn Ferreira— se presentaron a oposiciones del cuerpo de Administradores de Correos, manteniendo vivo el vรญnculo familiar con el servicio pรบblico.
Su figura representa el espรญritu pionero de los alistanos que llevaron su vocaciรณn mรกs allรก de su tierra, dejando huella tanto en Madrid como en su querida Alcaรฑices.
En los aรฑos 50 y 60, cada pueblo alistano tenรญa su cartero rural, muchas veces agricultores o ganaderos que compatibilizaban el campo con el reparto. Caminaban entre pueblos, a veces en bicicleta negra con el cartel de “Correos y Telรฉgrafos”, otras veces en burra o a pie, bajo lluvia, nieve o sol de justicia.
Uno de ellos fue Tomรกs Castaรฑo Fernรกndez, natural de Alcorcillo, quien tomรณ posesiรณn en 1964 con un jornal de 2.000 pesetas. Repartรญa desde San Pedro de las Herrerรญas hasta San Juan del Rebollar, pasando por Mahรญde, Figueruela de Arriba, El Poyo y San Vitero. Mรกs tarde, se convirtiรณ en taxista, transportando cartas y viajeros en una furgoneta Mercedes DKV.
Los carteros eran figuras entraรฑables y esperadas. Cada dรญa alguien les preguntaba: “¿Tienes algo para mรญ?”. En Navidad, recibรญan el aguinaldo de los vecinos como muestra de gratitud. Su casa, muchas veces, servรญa como despacho de carterรญa improvisado.
En Alcaรฑices, los carteros no solo entregaban cartas: sabรญan lo que se cocรญa. Eran cocineros de rumores, frailes de confidencias, testigos de alegrรญas y penas. “¡Saben mรกs que los ratones coloraos!”, se decรญa con cariรฑo.
Hoy, al recordar a Daniel Ferreira Carretero y a tantos carteros rurales de Aliste, no solo evocamos un oficio, sino una forma de vida. Una red humana que conectaba pueblos, familias y esperanzas, carta a carta, paso a paso. Porque en cada sobre habรญa algo mรกs que tinta: habรญa afecto, noticias, sueรฑos… y el alma de quienes los llevaban.






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