Reliquia vinculada al Calvario en Puercas de Aliste

 





Un documento de 1769 revela la llegada a Puercas de una reliquia procedente del Calvario

     La certificación fue expedida en Jerusalén por el custodio franciscano de Tierra Santa y recibió autorización eclesiástica para su veneración en la iglesia de Puercas en 1770 y nuevamente en 1819     


Un antiguo documento conservado durante más de dos siglos permite reconstruir la llegada a la iglesia de Puercas de una singular reliquia procedente de Jerusalén. El conjunto documental está formado por una certificación redactada en latín en 1769 y por dos diligencias eclesiásticas posteriores, fechadas en 1770 y 1819.

     La pieza principal fue expedida en Jerusalén el 27 de septiembre de 1769 por fray Luis de Bastia, religioso de la Orden de los Frailes Menores y custodio de Tierra Santa. El franciscano aparece también identificado como guardián del Monte Sion y del Santo Sepulcro, visitador de Tierra Santa, prefecto de las misiones de Egipto y Chipre y comisario apostólico en Oriente.

     Según el texto latino, durante los trabajos realizados para revestir con láminas de plata la parte interior del hueco situado en el monte Calvario, donde la tradición cristiana sostiene que estuvo colocada la cruz de Jesucristo, se desprendieron varios fragmentos. Uno de ellos fue recogido y depositado reverentemente en una pequeña teca ovalada de estaño, protegida por un cristal en su parte delantera.

     El relicario quedó cerrado y autentificado mediante el sello oficial impreso en cera roja española y un hilo de seda del mismo color. La certificación, firmada por el custodio de Tierra Santa, garantizaba su procedencia y permitía identificar la pieza en caso de traslado.

     Conviene precisar que el documento no habla propiamente de un fragmento de madera de la Vera Cruz o *Lignum Crucis*. Lo que certifica es una porción desprendida del interior del hueco del Calvario relacionado tradicionalmente con la colocación de la cruz. Esta diferencia resulta fundamental para interpretar correctamente la naturaleza de la reliquia.

 Autorizada para su veneración en Puercas


La reliquia llegó posteriormente a Puercas, probablemente llevada por un religioso franciscano cuyo nombre parece leerse como fray Silvestre Vaz, aunque la grafía del apellido no permite asegurarlo de manera absoluta.

     El 4 de mayo de 1770 se efectuó una visita a la iglesia de la localidad. Durante ella, el licenciado Basilio Fernández Grande, gobernador, provisor y vicario general, examinó las letras testimoniales procedentes de Jerusalén, reconoció la reliquia y concedió licencia para que fuese colocada en el templo y recibiera la debida veneración.

     Esta primera diligencia demuestra que el documento de fray Luis de Bastia no quedó como una simple certificación privada. La autoridad eclesiástica comprobó tanto las credenciales como el relicario antes de permitir su exposición pública.

     Casi medio siglo más tarde, el 21 de mayo de 1819, la reliquia volvió a ser examinada durante otra visita eclesiástica a la iglesia de Puercas. El doctor José Franco Toro, canónigo de la Catedral de Zamora y gobernador, provisor y visitador general de las vicarías de Alba y Aliste y del arciprestazgo de Sayago, revisó las letras apostólicas conservadas en la página anterior y reconoció nuevamente la pieza.

    Tras esta comprobación, concedió otra licencia para que continuara colocada en la iglesia y recibiera la veneración correspondiente. La diligencia quedó validada por las firmas y rúbricas de las autoridades presentes, entre ellas la del notario encargado de dar fe del acto.

Un testimonio excepcional de la religiosidad popular     


Los tres momentos documentados —Jerusalén en 1769, Puercas en 1770 y la nueva visita de 1819— reconstruyen el recorrido histórico y eclesiástico de la reliquia. También muestran los estrictos controles que la Iglesia aplicaba antes de autorizar el culto público a esta clase de objetos.

     Las denominadas “auténticas” acompañaban a las reliquias y describían su procedencia, el recipiente en el que habían sido depositadas y los elementos utilizados para impedir su manipulación. La teca, el cristal, la cera, el sello y el hilo de seda constituían una garantía material que debía conservarse intacta.

     El documento posee un notable valor histórico para Puercas. Además de acreditar la presencia de una reliquia vinculada al Calvario, proporciona información sobre las visitas pastorales, la organización eclesiástica de la época y las relaciones mantenidas entre las pequeñas parroquias zamoranas y los grandes centros religiosos de Jerusalén.

     Más de 250 años después de su expedición, estas páginas continúan siendo testimonio de una época en la que la fe, los viajes religiosos y la documentación eclesiástica conectaban una pequeña localidad zamorana con los Santos Lugares. Su conservación constituye, por ello, una parte importante del patrimonio histórico y religioso de Puercas.











Comentarios

Entradas populares de este blog

La memoria que nació en Aliste: vida, exilio y dignidad de Simón Katón Álvarez

Pregón de las Fiestas de Alcañices 2026

El antiguo rito de “cantar los Reyes” en Aliste: memoria de un aguinaldo cantado