🕯️ La Cera de la Fe: Cuando los Monaguillos de Alcañices Velaban contra el Mal

 


🕯️ La Cera de la Fe: Cuando los Monaguillos de Alcañices Velaban contra el Mal

En la histórica villa de Alcañices (Zamora), la Semana Santa no solo es un tiempo de profunda liturgia y pasión, sino también de arraigadas costumbres que conectaban directamente el templo con el hogar. Una de las tradiciones más singulares y bellas era el ritual previo al Jueves Santo, protagonizado por los más jóvenes de la parroquia: los monaguillos.

Antes de que se celebrara la solemne Misa de la Cena del Señor, estos pequeños servidores de la Iglesia se convertían en los encargados de una importante misión: la recogida de la cera para el Monumento.

La Ronda y el Cuaderno de la Custodia


Días antes del inicio del Triduo Pascual, los monaguillos emprendían una ronda metódica y respetuosa por las casas de los vecinos de Alcañices. No era una simple colecta, sino un acto de participación comunitaria en el gran misterio de la Eucaristía.

Cada hogar entregaba una o varias velas que se destinarían a iluminar el Monumento, el altar efímero donde se reservaba el Santísimo Sacramento desde el Jueves Santo por la noche hasta el Viernes Santo, evocando la vigilia de Jesús en el Huerto de Getsemaní.

La parte crucial del rito era la meticulosidad. Los monaguillos no solo recibían la cera, sino que tomaban nota en un pequeño cuaderno o libreta:

  • El nombre del donante (el vecino).

  • Las características de la cera (el tamaño, peso o tipo de vela).

En esta clasificación, se solía apuntar expresamente el tamaño de cada vela, con categorías sencillas pero muy claras: pequeño, mediano, grande y cirio. Así quedaba registrado no solo quién había ofrecido la cera, sino también qué tipo de vela había puesto cada familia al servicio del Monumento.

Este registro no se hacía por control parroquial, sino por un motivo devocional y práctico muy importante: la posterior devolución. Sin embargo, a la hora de la entrega de vuelta, no era raro que surgiera alguna pequeña polémica, cuando algún vecino reclamaba una vela “de mayor tamaño” que la que recordaba haber entregado. Entre sonrisas, discusiones amistosas y la libreta por delante, se acababa resolviendo, dejando ver también el lado humano y cotidiano de aquella piadosa costumbre.

El Valor Protector de la Cera Velada

Una vez que las velas de los vecinos habían cumplido su función litúrgica, velando durante horas ante el Santísimo en el Monumento (la luz de la fe acompañando a Cristo), se consideraba que habían adquirido una especial carga de santidad y poder protector.

Terminada la Semana Santa, los monaguillos volvían a hacer su ronda. Esta vez, para devolver a cada vecino su propia cera, convenientemente marcada y sin consumir del todo.

Esta cera no se tiraba ni se usaba para cualquier cosa; se guardaba con sumo cuidado. Se convertía en un sacramental popular que atesoraba la fuerza de la Eucaristía velada. Su destino final era ser encendida en momentos de gran necesidad o peligro.

"La cera velada ante el Señor es la protección de María."


El uso más extendido y significativo de esta cera especial era la invocación contra el mal y los elementos:

  • Contra las Tormentas: Cuando el cielo se oscurecía y la tormenta amenazaba, se encendía un trozo de esta vela en el hogar, pidiendo la intercesión divina para que la casa y las cosechas fueran preservadas.

  • Contra el Granizo ("La Piedra"): El mayor temor del campesino, el granizo, podía arruinar el trabajo de un año en minutos. Encender la cera velada era un acto de fe para alejar el "mal de piedra" de los campos.

De esta manera, la fe que iluminaba a Cristo en el templo se transformaba en la luz que protegía a la familia y el sustento en el hogar. La tradición de Alcañices es un hermoso testimonio de cómo la liturgia y la piedad popular se fusionaban, convirtiendo un simple objeto como la vela en un poderoso símbolo de la fe que vela y protege más allá de las puertas de la iglesia.

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