🚜 Los trillos de Cantalejo rumbo a Alcañices: memoria de carros, ferias y romerías
🚜 Los trillos de Cantalejo rumbo a Alcañices: memoria de carros, ferias y romerías
🌾 El origen de un oficio
En Cantalejo (Segovia), el oficio briquero se convirtió en seña de identidad. Los artesanos fabricaban trillos con tablas de madera en las que incrustaban piedras de sílex, creando una herramienta indispensable para las faenas de la era. El trillo no era solo un instrumento agrícola: era símbolo de la unión entre hombre y tierra, de la paciencia del campesino y de la esperanza de la cosecha.
La producción de trillos alcanzó tal magnitud que los briqueros emprendían viajes de cientos de kilómetros para venderlos en ferias y romerías. Aquellos desplazamientos eran auténticas expediciones comerciales y culturales, que llevaban el nombre de Cantalejo más allá de Segovia.
🚚 El viaje en carros y galeras
Los trillos se transportaban en carros de varas o galeras, apilados en hileras que ocupaban toda la superficie del vehículo. La imagen de estos carros, avanzando lentamente por los caminos polvorientos, era habitual en las rutas hacia Zamora.
El viaje era largo y exigente: atravesar tierras de Castilla hasta llegar a la frontera con Portugal suponía días de camino, noches de descanso en ventas o casas de acogida, y la compañía de otros comerciantes que también se dirigían a las ferias. Los briqueros no viajaban solos: llevaban consigo historias, canciones y la firme convicción de que su oficio era necesario en cada pueblo agrícola.
🎉 La Romería de la Virgen de la Salud en Alcañices
El 2 de julio, Alcañices se transformaba en un hervidero de vida. La Romería de la Virgen de la Salud reunía a romeros de toda la comarca y de la vecina Tras-Os-Montes portugués. En ese ambiente festivo, los carros de Cantalejo llegaban cargados de trillos y se desplegaban en la explanada del Convento de San Francisco.
La escena era imponente: filas de trillos alineados, esperando compradores, mientras la música, los puestos y la devoción llenaban el aire. Y en medio de todo, una estampa que aún se recuerda: la Virgen de la Salud en su carro triunfal, avanzando en procesión entre los trillos. La imagen de la patrona rodeada de herramientas campesinas era un símbolo de la unión entre fe y trabajo, entre espiritualidad y sustento.
🛠️ Oficio ambulante: reparar trillos
La llegada a Alcañices era solo el inicio. Tras la romería, los briqueros solían quedarse por los pueblos de la comarca de Aliste, ofreciendo sus manos expertas para reparar trillos ya usados. La tarea más común consistía en reponer o ajustar las piedras de sílex, que con el uso se desprendían o se desgastaban.
De este modo, los briqueros no solo vendían nuevas piezas, sino que prolongaban la vida de las antiguas, asegurando que las eras siguieran funcionando con eficacia. Su oficio se convertía en servicio, y su viaje en una forma de integración con la vida alistana. En cada pueblo, su presencia era esperada: eran artesanos itinerantes que devolvían vigor a las herramientas y reforzaban el vínculo con las comunidades.
✨ Significado y legado
La llegada de los trillos de Cantalejo a Alcañices no fue un hecho aislado, sino parte de un fenómeno más amplio: la movilidad de los oficios rurales y su papel en la economía tradicional. Los briqueros eran embajadores de un saber artesanal, y sus viajes recordaban que la vida campesina estaba tejida de intercambios, de caminos compartidos y de ferias que eran tanto comerciales como festivas.
Hoy, cuando las eras han quedado en silencio y los trillos son piezas de museo, recordar aquella estampa es rescatar un tiempo en que la economía rural se sostenía sobre ruedas de carro, manos artesanas y la fe en la Virgen de la Salud. Es también un homenaje a la memoria de Aliste, que supo acoger y dar sentido a la llegada de aquellos hombres y sus herramientas.
📖 Conclusión
Los trillos de Cantalejo rumbo a Alcañices son más que una anécdota histórica: son un símbolo de la interconexión entre comarcas, de la devoción popular y del esfuerzo campesino. La imagen de la Virgen avanzando entre los trillos desplegados en la explanada del Convento sigue viva en la memoria colectiva, recordándonos que la historia rural se escribe tanto con herramientas como con fe, tanto con comercio como con tradición.

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