Leyenda de la Virgen de la Luz (Moveros–Constantim)

 

Leyenda de la Virgen de la Luz (Moveros–Constantim)


En las noches de tormenta, la raya entre Moveros y Constantim parece un lomo oscuro. Cuentan que fue en una de esas noches cuando un mozo alistano, perdido entre jaras y roquedos, vio un resplandor donde no debía haber ninguno. No era relámpago: era una luz serena, redonda, que latía como el corazón de la tierra.

Se acercó, tanteando el aire y el miedo, y allí, al abrigo de una peña, encontró una pequeña imagen de la Virgen. Tenía el rostro claro y sus ojos —dicen— parecían los de una madre que reconoce a un hijo a pesar del aguacero. El mozo cayó de rodillas. “Si salgo de esta, te haré casa”, prometió. Y salió. Porque al seguir aquella luz, el camino se le abrió como si alguien hubiera barrido de espinos la vereda.

A la mañana siguiente subieron los vecinos. “Aquí, en la raya, ha de levantarse la ermita —decían—, para que sea de los dos pueblos por igual”. Pusieron hileras de piedra, alzaron paredes, dejaron todo a medias con el sol cayendo. Pero al amanecer, los muros estaban en el suelo, como si una mano paciente hubiera deshecho la faena piedra a piedra.

«Será del lado español», dijeron, y probaron. Nuevo trazado, nueva ilusión. Y otra madrugada de derrumbes.


Entonces hablaron los de Constantim: “Venid a nuestro término. Si la Señora quiere, allí se quedará”. Volvieron a levantar la ermita, y esta vez los muros amanecieron en pie, secos y firmes, como si hubieran dormido de pie toda la noche.

“Es que ella ha elegido”, dijeron unos. “No quiso la raya, no quiso España; quiso Portugal, que al fin es también nuestra casa”, concluyeron otros. Desde entonces la Virgen de la Luz guarda la frontera desde el lado luso, pero mira de frente hacia Moveros, como quien saluda a la familia de enfrente cada mañana.

Quedó la costumbre: cuando el invierno se rinde y el campo huele a tomillo, el domingo siguiente a San Marcos suben de los dos lados con pendones y cantos. La cruz abre camino y detrás va la imagen, balanceándose leve, recogiendo promesas. En la campa, bajo el cielo despejado, se celebra misa y se venden quesos, mantas y abrazos; las lenguas se mezclan y las monedas tintinean como si fueran del mismo bolsillo.

Y aún hoy, si alguien pregunta por qué la ermita no está en medio, por qué no la sujetó la raya, los viejos responden sin prisa, mirando el cerro:


“Porque la Señora no quiso paredes en discordia. Donde no caen los muros, allí quiso su casa. Y donde brilló la luz aquella noche, allí nos sigue alumbrando a todos.”


Fuentes escritas donde se recoge esta leyenda:

  • Rutas con Historia – “Ermita de la Virgen de la Luz” (entrada divulgativa): relata íntegramente la versión del pastor y los derrumbes hasta fijarse en Portugal. rutasconhistoria.es

  • Tu Voz Digital (crónica del 25/04/2016): reproduce la tradición local con el detalle de que primero se derrumba lo hecho “en la misma raya”, después en el lado español y por fin se mantiene en el portugués. tuvozdigital.com

  • Blog “Lenguajes Culturales” (12/09/2010): resume la misma leyenda fronteriza con la secuencia de intentos de construcción y su resultado. Lenguajesculturales's Blog

Nota: como ocurre con muchas tradiciones de la Raya, la transmisión es oral y las versiones escritas varían en matices, pero el núcleo (hallazgo en la frontera y “decisión” de la Virgen por el lado portugués) se repite en estas fuentes.




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