Un grito contra la injusticia: análisis de “O tendré que hacerlo yo misma”
Un grito contra la injusticia: análisis de “O tendré que hacerlo yo misma”
La novela “O tendré que hacerlo yo misma” narra, con un estilo sencillo pero muy directo, la vida de una familia campesina en la España rural de posguerra. Está basada en hechos reales y reconstruida por alumnos de 6.º de Primaria del Colegio Virgen de la Salud de Alcañices (Zamora), que rinden homenaje a la figura de Mario, un hombre marcado por la miseria, la represión y, sobre todo, por la injusticia.
Argumento: de la pobreza a la huida
La historia comienza en Villanueva de Fonseca, un pequeño pueblo castellano de unas pocas centenas de habitantes, donde la pobreza es el pan de cada día. Rosario, viuda desde que la guerra se llevó a Ramón, intenta sacar adelante a sus ocho hijos en una casa fría, minúscula y sin comodidades: animales en la planta baja para dar calor, orinal en lugar de retrete y mantas escasas para todos.
Sus hijos mayores son José (19 años) y Mario (18), trabajadores, cariñosos y muy queridos en el pueblo. José, guapo y algo fanfarrón en la cantina de don Anselmo, se enamora de Nerea, la hija del médico, a pesar de que ella está destinada a casarse con Gonzalo, hijo del alcalde, un muchacho violento, prepotente y acostumbrado a sentirse superior a los pobres.
Los celos de Gonzalo desembocan en tragedia: engaña a José para llevarlo a un callejón y lo apuñala con un cuchillo de matar cerdos. José, agonizante, llega hasta la casa de Nerea y muere en sus brazos, confesándole su amor y revelándole el nombre de su asesino.
El escándalo no termina aquí. El juicio es un puro teatro: el juez, influido por el poder del alcalde, acaba declarando inocente a Gonzalo, pese a las pruebas. El médico, además, culpa al propio José de su muerte para defender el honor de su hija y limpiar la imagen del novio rico. La vida de un campesino pobre vale poco o nada frente a los intereses de las clases acomodadas.
Esa noche, en la cena de duelo, Rosario pronuncia la frase que da título a la novela: si ninguno de sus hijos se atreve a vengar a José, “tendré que hacerlo yo misma”. Mario, dominado por el dolor y la rabia, promete matar a Gonzalo. Y un año después, el 20 de noviembre de 1942, cumple su palabra: lo atrae al mismo callejón, finge borrachera y, al reproducir la escena del crimen original, le clava el cuchillo en el corazón.
La justicia, esta vez, sí actúa… pero solo porque el asesino es un pobre. Mario es condenado a 30 años de cárcel en la prisión del Dueso (Cantabria), acusado con todos los agravantes: premeditación, alevosía y nocturnidad.
En la cárcel, Mario trabaja cuidando caballos y limpiando caballerizas. Allí conoce a Genaro, preso por motivos políticos, y empieza a obsesionarse con la idea de huir. Aprovechando un motín y la distracción de los guardias, escapa montado en el caballo blanco Lucero, desciende por la ladera hasta la ría de Santoña, la cruza a nado gracias al animal y, finalmente, se pierde monte arriba para despistar a los perros.
Tras tres semanas durmiendo al raso, comiendo lo que caza o pesca y evitando las carreteras, cruza la frontera y llega a un pequeño pueblo portugués: La Espiciosa. Allí encuentra trabajo como vaquero en casa del alcalde, conoce a Fátima (la hija) y poco a poco rehace su vida.
Gracias al tabernero Augusto entra en el mundo del contrabando de café, lo que le permite regresar de forma clandestina a Villanueva de Fonseca para visitar a su madre y sus hermanos. En uno de esos viajes, la Guardia Civil está a punto de detenerlo, pero Mario logra esconderse en un pequeño pozo del patio de su casa; los agentes registran todo sin encontrarlo.
En el epílogo sabemos que Mario se casa con Fátima, tiene ocho hijos y, con el tiempo, Franco concede un indulto que le permite regresar definitivamente a España y vivir de un rebaño de cabras junto a su familia. La nota final aclara que se trata de una historia real y que el Mario auténtico murió unos veinticinco años atrás.
Contexto histórico y social
La novela se sitúa en la España rural de los años 40, poco después de la Guerra Civil. Es un mundo de:
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Miseria extrema: hambre, casas sin servicios básicos, familias hacinadas y niños que ven el estudio como un lujo secundario frente a la necesidad de trabajar.
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Represión y miedo: la Guardia Civil, los juicios amañados y la cárcel aparecen como herramientas de control de una sociedad donde los pobres tienen pocas oportunidades de defensa.
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Desigualdad social brutal: el alcalde, el médico y sus hijos se mueven con impunidad, mientras familias como la de Rosario apenas consiguen pan para sobrevivir.
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Frontera y contrabando: la relación con Portugal y el café de Angola muestra cómo la gente se las ingenia para sobrevivir a base de riesgos y economía sumergida.
Temas principales
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La venganza y su precio
Todo arranca de una injusticia: el asesinato de José y la absolución de Gonzalo. La frase de Rosario (“alguien de esta familia va a matar a Gonzalo”) enciende la espiral de violencia. Mario siente que cumplir esa promesa es una cuestión de honor y justicia, pero el precio es altísimo: cárcel, huida, exilio forzado. La venganza repara simbólicamente el agravio, pero destruye aún más a una familia ya destrozada. -
Injusticia social y justicia de clase
La novela muestra cómo la ley no es igual para todos: Gonzalo, hijo del alcalde, mata y sale libre; Mario, hijo de una viuda pobre, mata y recibe treinta años de prisión. La justicia oficial se revela como una máscara al servicio del poder, mientras el pueblo busca su propia forma de justicia a través de Mario. -
La fuerza de la familia y de las madres
Rosario, pese a la pobreza y el dolor, se mantiene como pilar del hogar. Su amor por los hijos la lleva al extremo de estar dispuesta a matar, y al mismo tiempo a sufrir por el riesgo que corre Mario cuando escapa o vuelve clandestinamente al pueblo. La imagen de las comidas familiares, la niña Sara preguntando por qué lloran, los abrazos en cada visita de Mario, subrayan que la verdadera patria del protagonista es su familia. -
Libertad y dignidad
La cárcel del Dueso simboliza el intento del sistema de quebrar a los individuos. Sin embargo, Mario conserva su dignidad trabajando bien, cuidando a Lucero y negándose a aceptar una vida entera tras las rejas. Su fuga no es solo física: es una afirmación de que su vida vale más que una condena injusta. -
Memoria e identidad
La nota final de los autores deja claro que el objetivo es recordar una vida real, hacer memoria de alguien humilde que luchó contra la adversidad. Los alumnos que escriben la novela convierten a Mario en un personaje literario y, al hacerlo, lo rescatan del olvido.
Conclusión
“O tendré que hacerlo yo misma” es mucho más que una simple historia de aventuras o un relato de venganza. Es un retrato de la España pobre y castigada de posguerra, un alegato contra la injusticia y un homenaje a la resistencia de quienes no se resignan, aunque lo tengan todo en contra.
A través de personajes cercanos y situaciones muy visuales, la novela consigue que el lector se pregunte qué es realmente la justicia, cuánto puede aguantar una persona y qué significa, en condiciones tan duras, seguir adelante sin perder del todo la esperanza.

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