RECORTE DE PRENSA DEL CORREO DE ZAMORA DE FECHA 29 DE FEBRERO DE 1984. LAS CAPAS ALISTANAS ESTAN A PUNTO DE DESAPARECER

LAS CAPAS ALISTANAS ESTAN A PUNTO DE DESAPARECER

• Además de que él sea el único que las hace, desaparecerán por falta de tejido adecuado

• Además de formar parte de la tradición y la historia de una parte de nuestra provincia, son fundamentales en las procesiones de la Semana Santa de Bercianos.

      


Vive en Bercianos de Aliste un hombre, ya mayor, que se llama, Juan Gallego y que hace unos veinte años recogió de un tío suyo un oficio-arte, en el que ahora es único representante. (según nuestras noticias). El oficio, más bien arte, puesto que es único y no le da para vivir de él, no es otro que el de hacer las famosas capas alistanas. No sólo las tradicionales y sobrias aún utilizadas por algún pastor de la zona, sino aquéllas que por tradición se llevan encima los cofrades todos los años, en la procesión del Jueves Santo de Bercianos.

UN ARTE EN VIAS DE EXTINCION

      Lo dicho bien podía servir como introducción, e incluso, si me apuran me atrevería a decir que podía ser la parte preliminar de un legado histórico por su tradición, para generaciones venideras. Efectivamente es más que probable que en un plazo relativamente breve desaparezcan los hacedores de capas de pardo, del que el señor Juan parece ser el último representante. Quedarán, sin embargo, como testigos mudos, aquellas capas que hoy se conservan hechas y que tienen todos los cofrades de Bercianos, que de paso seguirán sirviendo para mantener la justa fama de sus actos procesionales.

      

La cuestión no está en que alguien tome el relevo del señor Juan cuando éste deje de hacerlas. La cuestión es otra y por desgracia mucho más radical: el paño. Y esa fue una observación que me hizo el señor Juan al poco de entrar en su casa “el paño éste que me han traído últimamente no es el auténtico y no sirve para ‘picar’, como el pardo de antes. Con este paño no se pueden hacer capas”. De hecho, el mismo confesaba que ahora tenía que sacar trozos de tela de sayas, faldones y otros vestidos de sus antecesores que aún le quedaban como recuerdo, ante la falta de pardo, de aquel pardo que, hasta hace poco más de una década, se fabricaba en los “pisones” o “batanes”. De estos últimos no hace muchos meses que dimos cuenta en otro reportaje, precisamente los pisones de Codesal, de los que se abastecía primordialmente esta zona. Al finalizar la actividad de estos pisones (cuyo recuerdo quedará próximamente bajo las aguas del futuro embalse de Valparaíso) hace aproximadamente unos diez años o algo más, empezó a escasear el pardo, al mismo tiempo que los que se dedicaban a hacer vestimentas de esta tela. No obstante, y hasta hace unos dos años, Juan Gallego seguía recibiendo material a través de uno de aquellos pisoneros que compraba el material en otras zonas. “El paño me lo traía Emilio que venía con la mula todos los años a la feria de Gallegos y al pasar me dejaba el material, pero ya hace un par de años por lo menos que no se le ve.” Por eso el señor Juan me puntualizó lo siguiente: “Así esto no se acaba cuando deje de hacer las capas, se acabará por la falta de pardo”, no obstante, confía en el aprovechamiento de retales de los vestidos de antes.


TRES PIEZAS PARA 
UNA CAPA

      Después de estar en Bercianos se me ocurre que no es tan importante el propio arte de confeccionar una capa, como el hecho de que esto está a punto de desaparecer. Quizá porque estamos en una época demasiado rápida que desborda cualquier previsión y anula demasiado rápido nuestro pasado o tal vez que en esta provincia nuestra sólo hay lugar para unas pocas costumbres o quizá no exista la suficiente preocupación por lo nuestro, por aquello que nos hace diferentes al resto de provincias. Lo cierto es que esto desaparece, como si se tratase de una especie ecológica.

      No obstante, pienso que no viene nada mal dar un repaso a lo que es una capa alistana, o lo que es igual algunos pormenores sintetizados de lo que hace Juan Gallego, el hombre de las capas.

      


En una de las habitaciones de su casa, en la parte de arriba, se encuentra su improvisado «taller de trabajo», iluminado con la luz que entra por la puerta del balcón y adornado con racimos de uva que cuelgan del techo desde la última vendimia, junto a las que se encuentran semillas diversas y diseminadas por la habitación, además de una cama. En ese mismo marco, entrañable por su propio desorden, Juan Gallego trataba de explicarme lo que hacía. De ello pude deducir que una capa común o pastoril, la conocida como capa alistana, estaba compuesta de tres piezas básicas y muy sobrias. El propio cuerpo de la capa sería una de estas piezas, al que se unirían las «andillas» u hombreras, y el «capillo», o capuchón. Junto a esta sencilla y primitiva capa, está la que usan los cofrades, cuya realización es más complicada, puesto que está mucho más ornamentada, además de añadírsele una cuarta pieza que sería la «chivan» o trozo de tela adornada que va unida al «capillo».

UNAS SEMANAS PARA HACERLAS

     Las características en la ornamentación de las capas de os cofrades son idénticas en todas, ellas, diferenciándose, exceptuando épocas, tan sólo en los extremos de las «andillas», donde habitualmente se colocan las iniciales nominales del dueño de la capa. Por lo demás se trata de adornos geométricos, en paño negro recortados o cortados, una vez han sido cosidos sobre el ocre oscuro del pardo, muy sencillos y primitivos. En la capa pastoril no existe el adorno, puesto que tiene un claro carácter funcional.

      En cuanto al tiempo que emplea en hacerlas, Juan Gallego nos decía: «Si me pongo a ello puedo tardar como una semana. Pero claro hay otras cosas que hacer y mira, todavía tengo aquí una capa para un hermano mío, que hace más de un año que se la estoy haciendo». Confesaba que antiguamente le encargaban unas quince capas al año, muchas de ellas para Zamora capital, con lo que evidentemente no vivía de este oficio. Ya puestos, preguntamos por el precio de un metro de pardo (una capa lleva al menos cuatro metros y medio de paño) y lo que valdría una capa hecha: «Bueno, el metro de pardo cuesta dos “billetes” y una capa sobre los diecisiete o dieciocho billetes». Pero yo con esto no puedo vivir, si lo hago es porque soy el único que sabe hacerlas». Quizá no debíamos omitir que para cortar el pardo y para coser los bordes, primeramente, marca con tiza cada una de las partes. Por otro lado, y como actividad complementaria también, se dedica a reparar aquellas capas que se encuentran deterioradas.

      Para finalizar, un poco como anécdota, nos contaba que hay varias personas, sin darnos nombres, que aún le deben dinero de capas que él les hizo. También comentaba orgulloso que había hecho capas por encargo del ex gobernador de Zamora Tomás Pelayo Ros, así como a varias personalidades de la Administración zamorana de hace algunos años, sin contar con la petición que le hiciera un museo valenciano y al que no dio contestación.

 JOSE LERA

(Fotos Trabanca)

 

N. de la R.—Queremos recordar a las personas y organismos competentes que lo que aquí se ha descrito, es parte importante de la historia, la tradición y costumbres de una parte de nuestra tierra zamorana, tanto los “abalones o pisones”, como las capas alistanas, realizadas con materiales; hechas por los primeros, están a punto de desaparecer entre las oscuras nubes del “pasado irrecuperable”.

 “Pisones” y capas alistanas, tienen un merecido lugar en algún museo provincial… por lo menos.


Texto integro del recorte de prensa, publicado en el Correo de Zamora el 29 de febrero de 1984, aportado por Mario Correira pregonero en la XII Jornada de Exaltación de la Capa Alistana, celebrada en San Vitero 9 de noviembre de 2025, al cual hizo muchas referencias.



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