XII JORNADA DE EXALTACIÓN DE LA CAPA ALISTANA. TRADICIÓN Y MEMORIA. San Vitero, 9 de noviembre de 2025 (Mário Correia)

 
XII JORNADA DE EXALTACIÓN DE LA CAPA ALISTANA - TRADICIÓN Y MEMORIA
San Vitero, 9 de noviembre de 2025
Mário Correia

Una Mirada Hacia Nuestras Capas: patrimonio, historia, arte y magia.

 

  En primer lugar, quiero agradecer a D. Andrés Castaño Fernández, presidente de la Asociación Capa Alistana, su invitación. Es un placer y un honor hacer mi modesta aportación a esta XII Jornada de Exaltación de la Capa Alistana. 

  He elegido cuatro palabras-clave para esta por cierto muy sencilla comunicación sobre nuestras capas: patrimonio, historia, arte y magia.

En un testamento fechado del 13 de enero de 1828, el mirandés Francisco Domingues declara ante notario que: 

 Deja a su mujer, Ana, la capa de honor y el capote por el trabajo. También tenía muchas deudas. 

  El hecho de que la capa de honor se mencionara expresamente en el testamento demuestra el valor que se atribuía a esta prenda de la indumentaria masculina mirandesa de la época. Era, de hecho, un bien que no podía ser ignorado por el inventario sucesorio en el momento de la muerte.  Posiblemente su valor no cubriría las deudas que dejó, pero esa es otra historia. La capa de honor era algo que podía o debía transmitirse en testamento. Una de las pocas prendas de vestuario que era mencionada en un testamento, cosa de valor testamentario. 

   De hecho, estamos hablando de un bien de gran valor. Era una prenda majestuosa que no todo el mundo podía permitirse tener y, como tal, era una señal de las posesiones de su propietario y, por lo tanto, también una indicación de posición social dentro de la respectiva comunidad. De este hecho daba fe también el tamaño de la honra: si se consideraba exagerado, era objeto de críticas irónicas, a menudo bastante condenatorias: mucho pardo para poca honra, ¡se decía!... 

   Poca honra! Esto me recuerda dos refranes mirandeses que de alguna manera evidencian esa posibilidad de ocultación de la verdad: 

   Buona capa ancubre l lhadron.

   La mulhier, ua casa, ua capa, muito tapa. 

   Fue gracias al trabajo de un etnógrafo portugués, Teófilo Braga, que llegó a ser presidente en la I República Portuguesa, que en su libro "O Povo Português" (El Pueblo Portugués), publicado originalmente en 1885, conocimos de primera mano un trabalenguas que, según él, procedía de la colección de "canciones populares españolas", y que en tierras mirandesas se decía en los siguientes términos: 

   Compadre, compre usté poca capa parda;

   Que el que poca capa parda compra,

   Poca capa parda paga.

   Yo que poca capa parda compré,

   Poca capa parda pagué.

    Esto trabalenguas muy sencillo es todavía muy expresivo pues demuestra algo que creo que es fundamental comprender en su totalidad: se trata de un patrimonio común, una herencia dividida y compartida por personas que en un tiempo histórico bien determinado pertenecieron a una única y misma corte, la de Léon, como es sabido de todos. Gentes a las que la historia ha dividido poniendo una frontera político-administrativa entre ellas. Pero que no borró la convivencia entre pueblos. 

   Una línea invisible de división y decisión que en realidad nunca les separó, porque siguieron teniendo un tronco familiar común. Una identidad familiar que no dudo en ver atestiguada por dos hermanas: la capa de honor mirandesa y la capa parda alistana. 

   Sin duda pertenecen a la misma familia, una familia que en los últimos tiempos históricos ha sido un factor de fomento de la convivencia cultural y social. Algunos diréis: pero eso es obvio. Es una evidencia. 

   Lo es, pero hay que seguir diciéndolo. Porque vivimos tiempos en los que es necesario y urgente reiterar ciertos hechos. Porque aunque Fukoyama ha fracasado cuando anunció el fin de la historia – y como tal de la memoria, individual o colectiva -, lo cierto es que en estos tiempos tormentosos, la historia tiende no sólo a ser olvidada, sino también revisada y manipulada, cuando no negada. Así reiteremos las evidencias para seguirmos teniendo pasado…

   Después de hablar de patrimonio, hablemos entonces de historia. Permítanme, pues, dar testimonio de un pasado no muy lejano. Que ya es historia. 

  La Capa de Honras Mirandesa - más concretamente el "Proceso de Elaboración de la Capa de Honras"- fue inscrita en la Lista del Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial el 15 de noviembre de 2022.  Tuve el privilegio y el honor de ser el investigador principal de este proceso, lo que me permitió adquirir un conocimiento muy amplio de todo lo que implica esta prenda característica de las gentes de la comarca mirandesa y de las comarcas leonesas vecinas, especialmente de la alistana. 

   Este trabajo de investigación me abrió horizontes mucho más amplios de los que en principio pensaba que tenía por obligación intelectual que conocer. Enseguida me quedó muy claro que el trabajo de investigación realizado a ambos lados de la frontera en las últimas décadas ha sido notable, hasta el punto de que me resulta muy difícil añadir mucho más al fondo documental tanto de la zona mirandesa como de la alistana. 

   La primera vez que vino a Bercianos de Aliste fue en 1984 – nel siglo pasado, perdón, nel milenio pasado! -, con apenas 32 años, para asistir a las celebraciones de la Semana Santa berciana. Fui allí en busca de los sonidos y silencios de estas celebraciones, que era el tema que más me interesaba entonces, principalmente desde una perspectiva etnomusicológica. O sea, en un contexto concreto de celebración con sus geofonias, biofonias e antropofonias. En um contexto de pura vivencia del paisaje sonoro de la religiosidad popular. 

   Pero lo que realmente entonces me llamó la atención fueron las capas marrones sobre los hombros de los cofrades en la procesión del Jueves Santo. ¡Impresionante! Tradición e historia en un ambiente de religiosidad indescriptible, con una dimensión espiritual que hay que vivirla porque no se puede explicarla con palabras. 

   Un periodista, José Lera, había publicado en la página 11 de la edición del 29 de febrero de 1984 de "Correo de Zamora" un texto titulado "Las capas alistanas están a punto de desparecer" y un amigo de Zamora me dio entonces una copia de esa página (que conservo en mis archivos). 

   Y así descubrí que el último artesano de la capa parda alistana, Juan Gallego, vivía entonces en Bercianos. Curiosamente, en Terra de Miranda también contábamos entonces con un único artesano, el fallecido Aureliano Cristal Ribeiro, del pueblo de Constantim, al que seguro que alguno de vosotros ha conocido personalmente. Llegamos a referenciar en el siglo XX nueve (9) artesanos de las capas de honras distribuidos por 6 aldeas mirandesas. Luego, con el paso del tiempo, las cosas cambiaron, y para bien. Hoy tenemos en la Tierra de Miranda cuatro mujeres haciendo capas. Y por aquí también hay gente haciendolas. Y en Portugal como aquí lo que fue solo artesanía de hombres es hoy solo arte de mujeres. 

   En el citado artículo, José Lera escribía con razón que la confección de la capa parda, más que un oficio, era un arte. Es cierto: más que una artesanía, ¡es un arte! ¡Y qué arte!

  Patrimonio, historia y arte! Estamos en el buen camino... Con orígenes que se pierden en tiempos vividos hace algunos siglos, no lo olvidemos nunca. Y sobre sus posibles orígenes, al menos en Portugal, las opiniones no han sido nada consensuadas, ni siquiera convergentes. 

   De hecho, muchas y variadas opiniones han sido expresadas a lo largo de los años por destacadas personalidades de la cultura mirandesa, tanto nacionales como internacionales, reflejando de alguna manera este desacuerdo o divergencia respecto a sus orígenes. 

   Permítanme mencionar sólo algunas referencias muy breves en el contexto de la investigación nacional: 

   Si para José Leite de Vasconcelos (1901) no era más que la clásica capa de honor, tres años antes, en 1898, Albino José de Moraes Ferreira decía que era la capa de honor del peregrino, refiriéndose a contextos religiosos de uso. El inglés Rodney Gallop escribió en 1936 que se trataba de un traje napoleónico, lo que de mi parte queda sin comentarios. Unos años más tarde, en 1908, José Manuel Martins Pereira escribió que se trataba de una capa pluvial de época antigua, posiblemente con el nombre atribuido por algún gobernador o rey godo. 

   Sin embargo, una gran mayoría se inclinó por asociarla con la capa gótica medieval de asperges eclesiásticos, como escribieron José Manuel Cordeiro, Graça Ramos, António Rodrigues Mourinho y el escritor Trindade Coelho, entre otros.  António Maria Mourinho y Domingos Raposo también se pronunciaron en el mismo sentido, aunque añadieron un monasterio leonés, como el cisterciense de Moreruela, como posible fuente de su divulgación. 

   Sea como fuere, lo cierto es que una personalidad como Tomaz Ribas lo describió, en mi opinión, de forma definitiva y sin lugar a dudas: la capa de honor es la pieza más suntuosa de la indumentaria masculina portuguesa. 

   En otras palabras: un verdadero símbolo de la proua de ser mirandés! Y también lo encontré escrito en muchos escritos de autores españoles sobre la capa parda alistana. ¡Una verdad compartida, una vez más!   

   Cuando nos la ponemos a la espalda llevamos mucho más que una capa: llevamos historia, llevamos herencia, llevamos arte y llevamos patrimonio. E es por eso que asumimos la capa como algo comúnmente considerado  identificable sin equívocos. 

   Pero permítanme decir aquí que mucho más que la identidad prefiero el sentimiento de pertenencia. Porque la identidad puede referirse más a un pasado en ruinas y sus supervivencias culturales; y la pertenencia es posesión en el presente, es vida. Lo cual, hoy en día, es una realidad innegable para las capas mirandesas y alistanas. 

 Como bien señaló el antropólogo salmantino Juan Francisco Blanco González, asistimos al paulatino desvanecimiento del sentido mágico de la cultura tradicional. Se trata de un proceso de desaparición irreversible tanto en tierras mirandesas y alistanas como, por extensión, en contextos más amplios, reconociblemente nacionales. Esta pérdida ha afectado - y de qué manera! - su sentido y significado, representando y implicando una desacralización del pensamiento tradicional. La cultura tradicional ha perdido gran parte de su encanto al perder ese sentido mágico que tanto la definía y caracterizaba. 

   En un esfuerzo por recuperar o evocar ese sentido mágico, les sugiero que abran mentalmente una capa, alistana o mirandesa. Creedme que, sin mucho esfuerzo por vuestra parte, aún podréis sentir en ella mucha de la magia que la vida moderna a veces ha eliminado de nuestra forma de estar en el mundo que nos ha tocado vivir. 

   Y así termino con esa invitación para un ejercicio de imaginación mágica. Y con alguna poesía… 

Si se quiere, puede ser tierra. De ese suelo milenario de pan cotidiano ganado con esfuerzo, en lucha heroica contra las inclemencias de los cielos, poblados por dioses no siempre benévolos y compasivos con las gentes de este rincón oriental. 

Si se quiere, puede ser un pájaro. Como los que dominan y deslumbran, planeando sobre los acantilados en vuelos de magnificencia circular, como dibujando con sus espléndidas alas el encaje que hábiles manos han confeccionado en el burel, ahora y siempre. 

Si se quiere, puede ser una fraga de nuestro Duero común. Imponente y secular, con una mirada mansa pero amenazadora hacia un río que fue salvaje y ahora duerme para convertirse en luz y fuerza, con la proa altiva de una nave, no de mares sino de campos y sabanas, de matorrales y acantilados, surgiendo del suelo de cada pueblo y elevándose a través de los hombres hacia lo divino. 

Si se quiere, lo que fue refugio y abrigo de pastores y arrieros es ahora traje ritual y ceremonial que enmarca el carácter y la personalidad de nuestros pueblos y sus gentes; pero siempre ha sido y será castillo y fortaleza de una pertenencia cuyos orígenes ya se pierden en el tiempo pero que siguen vivas en nuestra memoria colectiva. 

Puede ser todo eso. Pero es, sobre todo, la expresión soberbia de una pertenencia plural: cuando descansa sobre nuestros hombros, no es solo una capa mirandesa o alistana, es patrimonio, historia, arte y…  magia. 

   Y así remato mi condición de pregonero en esta convicción: si el refrán mirandés que dice “Quien ten capa siempre escapa” es verdadero, ya me escapo desta función con vuestra bendición. 

Muchas gracias

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