Hospitales de Alcañices y Sejas: Asistencia, fe y dignidad en la Zamora rural

 


En el corazón de la comarca de Aliste, los hospitales de Alcañices, Rabanales, Sejas y Nuez de Aliste fueron mucho más que espacios de atención médica: fueron refugios de caridad, dignidad y cuidado en tiempos de escasez. Fundados en los siglos XVI y XVII, estos centros asistenciales rurales reflejan la sensibilidad social y religiosa de sus comunidades, así como la voluntad de sus benefactores por aliviar el sufrimiento de los más vulnerables.


🕊️ Alcañices: Hospital de San Nicolás de Bari

La historia del hospital de Alcañices se entrelaza con la fundación de la Alhóndiga en 1541 por los marqueses Francisco Enríquez de Almansa e Isabel de Ulloa. Aunque la carta fundacional apenas dedica una cláusula al hospital, se deduce que ya existía, destinado al socorro de los pobres de la villa y su entorno.

La cláusula XIII establece un fondo anual de 10.000 maravedís para reparaciones, ropa y atención a los pobres, con estrictas normas: no se admitían enfermos contagiosos ni forasteros más de una noche si estaban sanos. Esta regulación revela una preocupación por la salud pública y la sostenibilidad del centro.

En 1610, Jerónimo del Hoyo lo visitó y describió un lugar humilde pero limpio. El inventario revela camas de paja, mantas viejas y una capilla con cementerio. Se ordenó mejorar las instalaciones: camas de madera, más ropa, rejas, cruces pintadas y leña para los pobres, mostrando una sensibilidad hacia el bienestar físico y espiritual de los acogidos.

Durante el siglo XVIII, el hospital sufrió el cierre temporal por invasiones. A mediados de siglo, bajo la administración de José de Rivera, se documenta una estructura con iglesia, enfermería, cementerio y cuatro camas. La hospitalera cobraba 68 reales, y el médico y cirujano eran remunerados en trigo. En 1791, el hospital contaba con ocho camas, separadas por sexo, con ropa decente y un aposento para peregrinos, alcanzando estándares comparables a hospitales urbanos.

🏥 𝐑𝐚𝐛𝐚𝐧𝐚𝐥𝐞𝐬: 𝐇𝐨𝐬𝐩𝐢𝐭𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐒𝐚𝐧 𝐒𝐞𝐛𝐚𝐬𝐭𝐢á𝐧⁣⁣⁣⁣


El Hospital de San Sebastián de Rabanales fue una fundación de carácter benéfico y asistencial, ligada a la parroquia local y al cabildo eclesiástico.⁣⁣

Su advocación a San Sebastián era común en los hospitales rurales del siglo XVI, considerado protector contra epidemias y enfermedades contagiosas, especialmente la peste.⁣⁣⁣⁣

Atendía a pobres, enfermos y caminantes, incluidos peregrinos que cruzaban Aliste rumbo a Santiago de Compostela o hacia Portugal.⁣⁣

Dependía económicamente de donaciones, rentas parroquiales y ayudas de las Vicarías de Alba y Aliste, que coordinaban la asistencia religiosa y social en la comarca.⁣⁣⁣⁣

En registros antiguos aparece también como “el hospital de Rabanales”, aunque su nombre completo, Hospital de San Sebastián de Rabanales, es el reconocido en las fuentes eclesiásticas e históricas.


🏥 𝐍𝐮𝐞𝐳 𝐝𝐞 𝐀𝐥𝐢𝐬𝐭𝐞: 𝐇𝐨𝐬𝐩𝐢𝐭𝐚𝐥 𝐏𝐚𝐫𝐫𝐨𝐪𝐮𝐢𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐒𝐞ñ𝐨𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐀𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢ó𝐧⁣


El hospital de Nuez de Aliste fue una pequeña casa de caridad vinculada a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, bajo la administración del cura párroco y las cofradías locales.⁣

⁣Se dedicaba a socorrer a pobres, enfermos y transeúntes, especialmente peregrinos y jornaleros que recorrían los caminos entre Alcañices y Tras-os-Montes.⁣

⁣Su existencia se documenta indirectamente en visitas pastorales y mandatos del obispado de Zamora durante los siglos XVII y XVIII.⁣

Su sostenimiento dependía de limosnas, donaciones vecinales y rentas de tierras.⁣

⁣Es probable que estuviera bajo la advocación de San Sebastián o de la Virgen, santos asociados a la protección y al socorro. Su arquitectura, sencilla y funcional, debió contar con una capilla o altar, una sala de enfermos, cocina y una pequeña huerta.

🙏 Sejas: Hospital de San Jerónimo

El Hospital de San Jerónimo fue fundado por el Licenciado Mora, cura de Sejas, quien donó su casa y bienes para su creación. La primera referencia documental data de 1556, y en 1619 se confirma que el patronazgo recaía en los jurados locales y la gobernación eclesiástica.

Con una renta modesta de 15.000 maravedís, el hospital estaba destinado exclusivamente a vecinos del pueblo. Contaba con una capilla presidida por San Jerónimo y cuatro camas distribuidas en aposentos bajos y altos, con jergones y mantas.

Ubicado en la Calle del Concejo, medía seis varas de alto y ancho. Sus ingresos provenían de 42 censos, aunque en 1791 se recomendó venderlos por su escasa rentabilidad. Finalmente, las casas del hospital fueron vendidas por 2.200 reales, destinados a la reconstrucción de la iglesia parroquial, con autorización del Arzobispado de Santiago.

En el corazón de la comarca de Aliste, los hospitales de Alcañices, Rabanales, Sejas y Nuez de Aliste fueron mucho más que espacios de atención médica: fueron refugios de caridad, dignidad y cuidado en tiempos de escasez. Fundados en los siglos XVI y XVII, estos centros asistenciales rurales reflejan la sensibilidad social y religiosa de sus comunidades, así como la voluntad de sus benefactores por aliviar el sufrimiento de los más vulnerables.

🧭 Legado y memoria

Estos hospitales, aunque humildes, fueron pilares de la asistencia social en sus respectivas localidades. Su existencia revela una red de solidaridad profundamente enraizada en la fe, la comunidad y el compromiso con los más necesitados. Hoy, su recuerdo nos invita a valorar la historia de la atención rural y a preservar la memoria de quienes, desde el anonimato, cuidaron de los cuerpos y almas de Aliste.

🧾 Régimen interno y decadencia institucional

El funcionamiento cotidiano de los hospitales se regía por dos pilares normativos: las ordenanzas fundacionales y las constituciones sinodales. Mientras las primeras delimitaban el tipo de enfermos admitidos —excluyendo, por ejemplo, a los contagiosos o a los forasteros sin vínculo local—, las constituciones sinodales ofrecían un marco más detallado y moralizante, reflejo del espíritu cristiano de la época.

Estas constituciones exigían disciplina y decoro: prohibían el ingreso de parejas sin prueba escrita de matrimonio, así como de personas que no hubieran cumplido con la confesión y comunión anual. Se vetaban los juegos, las riñas y los juramentos, y se imponía la asistencia a misa y a la doctrina cristiana, al menos en domingos y fiestas de guardar. La separación de sexos en los dormitorios era obligatoria, salvo para los casados, y los hospitales debían cerrar por la noche.

Los hospitaleros, además de encargarse de la limpieza y alimentación, debían ejercer su labor con caridad y esmero. El párroco tenía la obligación de visitar el hospital diariamente o, como mínimo, dos veces por semana. Estas normas no solo regulaban la convivencia, sino que también servían de guía para los visitadores e inspectores, como se constata en los libros de cuentas y visitas pastorales.

⚖️ Desamortización y desaparición

La desamortización iniciada en 1798 marcó el principio del fin para muchas instituciones asistenciales. Los bienes raíces de hospitales, hospicios, cofradías y obras pías fueron puestos en venta, afectando gravemente su sostenibilidad. Aunque el hospital de Alcañices logró resistir inicialmente, alegando su origen como fundación privada del Marqués, acabó bajo la tutela de la Junta de Beneficencia de Zamora.

Este cambio de gestión no evitó su deterioro. En 1842, Zacarías Santander, vocal de la Junta Municipal, denunciaba el estado de abandono: la casa hospital y las paneras arrendadas a particulares, la iglesia y el camposanto en ruinas. 

Este proceso de desamortización no solo supuso la pérdida patrimonial, sino también la desaparición de una red de atención que, aunque modesta, había sido esencial para los pobres rurales durante siglos. La memoria de estos hospitales, sus normas y su vocación de servicio, permanece como testimonio de una época en que la caridad y la fe sostenían la salud pública en los márgenes del reino.

𝘍𝘶𝘦𝘯𝘵𝘦: 𝘓𝘢𝘴 𝘝𝘪𝘤𝘢𝘳í𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘈𝘭𝘣𝘢 𝘺 𝘈𝘭𝘪𝘴𝘵𝘦: "𝘏𝘰𝘴𝘱𝘪𝘵𝘢𝘭𝘦𝘴, 𝘥𝘰𝘵𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘩𝘶é𝘳𝘧𝘢𝘯𝘢𝘴, 𝘱ó𝘴𝘪𝘵𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘨𝘳𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘺 𝘦𝘴𝘤𝘶𝘦𝘭𝘢𝘴." 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘯𝘶𝘦𝘭 𝘎ó𝘮𝘦𝘻 𝘙í𝘰𝘴

Comentarios

Entradas populares de este blog

🧦 Pepe Churra, el alma errante de Alcañices

Alcañices, visto por Manolo Prieto. Renacimiento

La memoria que nació en Aliste: vida, exilio y dignidad de Simón Katón Álvarez