Los “nocenses”: El alma de Nuez de Aliste

 

🌰 Los “nocenses”: El alma de Nuez de Aliste

En el corazón de Aliste, donde el río Manzanas serpentea entre fresnos y peñas, se alza Nuez de Aliste, un pueblo que guarda en sus piedras, fuentes y silencios la memoria de generaciones. Quienes lo habitan o lo llevan en la sangre son conocidos como nocenses, un gentilicio que no solo nombra, sino que honra.

🧑‍🌾 Ser nocense: más que pertenecer

Ser nocense es caminar por los senderos del Ujo y Fillival y saber que allí, entre zarzas y musgo, se alzaban los molinos que alimentaban al pueblo. Los molineros, hombres de manos curtidas y oído fino, regulaban el flujo del agua y el ritmo del grano. En sus muelas giraba la vida rural: el pan, la espera, el trueque. Las mujeres, con serones al hombro, recorrían los caminos empedrados, hilando historias mientras aguardaban su turno junto al molino.


💧 Las fuentes: memoria líquida


La Fuente Grande —también llamada Fuente Romana— y la de Ricasenda son testigos del paso del tiempo. Allí se recogía el agua, se lavaba la ropa, se compartían confidencias. La piedra tallada, el brocal antiguo, el rumor constante del agua: todo habla de una comunidad que supo convivir con la tierra sin someterla.

En Ricasenda, el agua brota entre helechos y sombra, como si la naturaleza quisiera guardar un secreto. En la Fuente Grande, el eco de las voces parece aún resonar entre los arcos de piedra.


🏺 El castro: raíces profundas

En el paraje del Castillo de los Fresnos, los restos de un antiguo castro prerromano y romano revelan que los nocenses no son los primeros en amar esta tierra. Cerámicas, útiles de hierro, monedas… todo indica que aquí vivieron pueblos que ya sabían del valor de este enclave. Aunque sus nombres se han perdido, su presencia permanece en cada fragmento hallado, en cada piedra que aún resiste.

Los habitantes del castro fueron los primeros nocenses sin saberlo: recolectores, guerreros, pastores que eligieron este lugar por su altura, su agua y su horizonte.

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𝐄𝐥 𝐡𝐨𝐬𝐩𝐢𝐭𝐚𝐥𝐢𝐮𝐦: 𝐫𝐞𝐟𝐮𝐠𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐦𝐢𝐧𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬⁣⁣ En Nuez de Aliste, el término “hospital” no remite tanto a un centro médico como a un recuerdo más antiguo y espiritual: el hospitalium. Así se conoce al conjunto de cortinas que se extiende tras la Calle San Fabián, la Moral, la Estada y la Fuente Grande, donde antaño se habría levantado un albergue para peregrinos del Camino de Santiago.⁣⁣ ⁣⁣ Algunas vieiras talladas en balcones cercanos parecen susurrar esta historia, como señales discretas de acogida y tránsito. No era un hospital de guerra, sino un lugar de descanso para los que cruzaban Aliste buscando fe, horizonte o simplemente un techo.⁣⁣ ⁣⁣ Aunque el edificio original pudo haber desaparecido —quizás arrasado en alguna contienda con Portugal, como otras partes del pueblo— su memoria persiste en el topónimo, en las canterías reaprovechadas por vecinos ingeniosos, y en el orgullo silencioso de los nocenses.⁣⁣ ⁣⁣ Ese “hospital” es hoy símbolo de acogida rural, de astucia y generosidad, de una tierra que supo abrir sus puertas sin preguntar de dónde venías ni a dónde ibas.⁣⁣

🌿 Un gentilicio que une

El término nocense no es solo una etiqueta geográfica. Es una forma de mirar, de hablar, de recordar. En fiestas, romerías y encuentros, se pronuncia con orgullo. Incluso quienes emigraron, desde Zamora hasta América, siguen diciendo “soy de Nuez”, y ese “soy” lleva consigo el eco de los molinos, las fuentes y las piedras del castro.

Los nocenses han sabido conservar su patrimonio oral y arquitectónico, desde la iglesia parroquial hasta los caminos que llevan al río. En sus manos está la memoria viva de Aliste.


🕊️ Herencia y futuro

Hoy, ser nocense es cuidar lo pequeño, respetar lo antiguo y mirar al futuro sin olvidar el pasado. Es enseñar a los niños que la fuente no es solo agua, que el molino no es solo ruina, que el castro no es solo piedra. Es transmitir que cada rincón de Nuez guarda una historia, y que cada historia merece ser contada.

Interesante vídeo sobre Nuez 


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