🍻 La Taberna de Angelona en Ribas: Donde Aliste reía, cantaba y se reunía
En Ribas de Aliste, hubo una taberna que no se parecía a ninguna otra. No por su tamaño, ni por su decoración, sino por la mujer que la regentaba: Angelona. Su nombre resonaba por toda la comarca como sinónimo de carácter, alegría y autenticidad. Quien entraba en su casa —porque más que taberna era hogar— sabía que no solo iba a tomar una cerveza, sino a vivir una experiencia.
🧡 El alma de la taberna
Enviudó en el año 1969, siendo aún muy joven, y sacó adelante a sus dos hijos con una entereza que se reflejaba en cada gesto. La taberna fue su refugio y su trinchera, pero también su escenario, donde desplegaba humor, temple y sabiduría popular. Como aquella vez en que varios clientes le pidieron copas de coñac, cada uno de una marca distinta, y ella, sin perder la compostura, soltó con sorna: “¿Qué pensáis, que el garrafón tiene compartimentos?” Una frase que quedó para la historia, como tantas otras que salían de su boca con chispa y verdad.
Angelona era una mujer de las que ya no se encuentran. Fumadora empedernida, con el cigarro siempre encendido y la mirada viva, parecía que el humo le servía para pensar, para observar, para marcar el ritmo de la conversación. Su mandil, lleno de chapas de botellines, era su contabilidad improvisada: cada chapa era una cuenta pendiente, cada bolsillo una historia.
Tenía una forma de estar que no admitía prisas. En su taberna, el tiempo se diluía entre risas, partidas de julepe y canciones improvisadas. La barra tenía una rendrija por donde metía el dinero, como si todo en su mundo funcionara con claves propias, ajenas a la lógica comercial.
🎲 Jugar con el tabernero…
Con ella se hacía eco un viejo refrán que parecía escrito para la ocasión: “Jugar con el tabernero, es perder tiempo y dinero.” Y no por falta de honestidad, sino porque Angelona tenía una astucia natural, una picardía que convertía cualquier partida en una lección. Quien se atrevía a jugar con ella sabía que saldría perdiendo… pero también riendo.
Su taberna era punto de encuentro a cualquier hora. No era raro que alguien dijera “vamos a ver a la Angelona” a las tres de la mañana, y allí estuviera ella, medio dormida pero dispuesta a abrir la puerta, encender el cigarro y repartir cartas como si el día acabara de empezar.
🎶 Inspiración para músicos y guardianes de la tradición
Angelona fue también fuente de inspiración para músicos de la zona (ejemplo de los zamoranos Alberto Jambrina y Pablo Madrid, para el Consorcio de Fomento Musical Zamora). Su manera de cantar, de entonar coplas populares, de recordar letras antiguas, atrajo a quienes buscaban conservar la tradición oral de Aliste. Algunos cantaban con ella, otros tomaban nota de sus melodías y giros, conscientes de que en su voz vivía una parte del alma musical de la comarca. Su taberna era, sin saberlo, archivo vivo de la memoria sonora de la tierra.
🏡 Más que una taberna
La taberna de Angelona fue durante décadas el salón de Aliste. Allí se cruzaban generaciones, pueblos, acentos. Desde Viñas, San Mamed, Portugal… todos sabían que en Ribas había una mujer que abría su casa para compartir vida. No hacía falta invitación: bastaba con llegar.Hoy, aunque sus puertas ya no estén abiertas, su recuerdo sigue encendido como aquel cigarro que nunca se apagaba. Angelona no fue solo una tabernera: fue una institución, una amiga, una memoria viva de Aliste. Y su taberna, más que un negocio, fue un rincón donde el tiempo se detenía para dejar paso a lo esencial: la compañía, la risa y el cariño.
Videos de Angelona en Consorcio de Fomento Musical Zamora





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