El Tío París, eco de Moveros de Aliste
El Tío París, eco de Moveros de Aliste
Moveros
(Zamora). En la
frontera natural que separa y une a España y Portugal, un nombre sigue
resonando con fuerza en la memoria colectiva: el del Tío París. Bajo ese
apodo se encontraba Ángel González Fernández, músico popular nacido en
Moveros, en la comarca de Aliste, cuya flauta y tamboril marcaron durante
décadas el pulso de romerías, fiestas y celebraciones locales.
A sus más de
80 años, el Tío París aún seguía tocando. Su estilo, sobrio y arraigado en la
tradición, quedó registrado en la colección Sons da Terra; Tamborileiros
Tradicionais. Allí figuran piezas como Tengo cinco duros, La
Montarazza, Jota alistana, La Alboreada o Toque de
procesión. No son simples melodías: son crónicas sonoras de la vida en
Aliste, recuerdos colectivos convertidos en música.
Un repertorio que cruzó fronteras
La música del Tío París no se entendía sin su contexto: la raia hispano-portuguesa. En romerías como la de Nuestra Señora de la Luz, en Constantim, compartía escenario con tamborileros lusos como Virgílio Augusto Cristal. Allí, el eco de los tambores y las flautas borraba fronteras y recordaba la raíz común de dos pueblos separados por un río, pero unidos por la música.
El
investigador Alberto Jambrina Leal transcribió parte de su repertorio,
como la Alboreada del Tío París, asegurando su preservación. Asimismo,
grabaciones depositadas en la Fonoteca de la Fundación Joaquín Díaz nos
permiten hoy escuchar su timbre auténtico, registrado hacia 1982.
Moveros, barro y música
Moveros de Aliste no solo se reconoce por su tradición alfarera, que ha dado fama a sus cántaros y tinajas, sino también por su música. En este enclave fronterizo, las fiestas de Santa Colomba (31 de diciembre) y la romería de la Virgen de la Luz fueron escenarios donde el tamboril del Tío París marcaba el compás de jotas, valses y cantos populares.
Instrumentos
como la flauta, el tamboril, la gaita de fole o la dulzaina (charambita)
conforman la banda sonora de una comarca donde la música se entrelaza con lo
cotidiano. Un cancionero popular aún recuerda:
"Tienes
unos ojos, niña,
que te lloran aguardiente,
pero tienes una cara,
que le dice al sol detente."
Guardianes de la tradición
El Tío París representa a esa generación de músicos que, sin pretensiones artísticas ni escenarios de prestigio, sostuvieron el folclore como parte esencial de la vida comunitaria. Su legado va más allá de la anécdota personal: encarna la capacidad de la música para conservar la memoria, unir a la gente y dar identidad a un territorio.
Hoy, su
nombre forma parte del patrimonio cultural de Aliste, junto a la alfarería y
las costumbres festivas que distinguen a Moveros. La labor de investigadores y
archivos especializados garantiza que su eco no se pierda en el tiempo.
Un símbolo vivo
El Tío París (Moveros de Aliste) fue, y sigue siendo, más que un músico popular. Su figura es la de un símbolo cultural, ejemplo de cómo la tradición oral y musical se transmite de generación en generación, manteniendo vivos los sonidos de la frontera.
En cada
jota, en cada alboreada y en cada tamboril que suena en Aliste late todavía el
eco de aquel hombre que, con su flauta y su tambor, supo convertir lo cotidiano
en un legado compartido.

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