Rabanales en tiempos de guerra: memoria, coraje y silencio

 

Rabanales en tiempos de guerra: memoria, coraje y silencio

Durante la Guerra Civil Española (1936–1939), miles de pueblos como Rabanales se vieron atrapados entre dos fuegos: el conflicto ideológico que dividía al país y la necesidad de proteger a sus vecinos, sus raíces y su dignidad. En medio de esa tormenta, Rabanales vivió dos episodios que, aunque no figuran en los libros de historia oficiales, marcaron profundamente la identidad del pueblo: el gesto heroico del cura Don Pablo y la quema del ayuntamiento para borrar rastros políticos.

🕊️ Don Pablo: el escudo humano de Rabanales


La guerra había estallado y con ella, la maquinaria represiva del bando sublevado comenzó a recorrer los pueblos en busca de “enemigos del régimen”. En ese contexto, Franco y sus seguidores exigieron a los alcaldes locales que elaboraran listas con los nombres de vecinos vinculados a la causa republicana. Era una orden que no admitía réplica.

El alcalde de Rabanales, presionado por el miedo y la obligación, cumplió con la orden. Pero antes de entregar a sus vecinos, acudió a Don Pablo, el cura del pueblo. Don Pablo no era un hombre cualquiera. En una época en la que la Iglesia tenía un poder inmenso, él decidió usarlo para proteger, no para condenar.

Le dijo al alcalde: “El día que vengan a buscarlos, mándalos todos a mi casa”. Y así se hizo. Cuando los agentes llegaron al pueblo, el alcalde les indicó que los señalados estaban en casa del cura. Al presentarse allí, Don Pablo salió al encuentro y les dijo: “Sí, los tengo aquí. Pero si queréis llevároslos, el primero que tenéis que llevar es a mí”.

Ese gesto, simple pero cargado de valentía, detuvo la redada. Don Pablo defendió que aquellas personas no tenían implicación política, y logró salvar la vida de varias cabezas de familia. En un tiempo en que la palabra de un cura podía pesar más que un decreto, su intervención fue decisiva.

Hoy, muchas familias de Rabanales descienden de aquellos que fueron protegidos por su coraje. Y aunque su historia no aparece en los manuales escolares, vive en la memoria oral del pueblo como un acto de humanidad en medio del horror.

🔥 El fuego que borró los rastros


El segundo episodio, menos visible pero igual de significativo, fue la quema del ayuntamiento. En un acto de acuerdo tácito —no se sabe quién lo inició ni cómo se organizó— los vecinos decidieron prender fuego al edificio municipal. El objetivo era claro: eliminar cualquier documento que pudiera delatar la filiación política de los habitantes del pueblo.

En la España de la posguerra, tener antecedentes republicanos podía significar cárcel, exilio o muerte. Los archivos municipales contenían censos, actas, registros de votación y otros documentos que podían ser usados como prueba contra los vecinos. Quemarlos era una forma de protegerse, de borrar huellas, de resistir sin levantar la voz.

Desde entonces, no queda registro oficial anterior a los años treinta. Todo se perdió, salvo un libro que aún se conserva en fotografía, testimonio único de lo que fue. Lo único que permanece del antiguo ayuntamiento es la valla del balcón, una reliquia que sigue en pie como símbolo de aquel acto de resistencia.

🏛️ Contexto histórico: entre la represión y la supervivencia

La Guerra Civil no fue solo una lucha entre dos bandos. Fue una fractura profunda en la sociedad española, que enfrentó a vecinos, familias y comunidades. En los pueblos pequeños, donde todos se conocían, la guerra se vivió con especial intensidad. Las represalias eran personales. Las decisiones, muchas veces, se tomaban en silencio, con miedo, pero también con dignidad.

La Iglesia, en general, apoyó al bando sublevado, pero hubo excepciones como Don Pablo, que usaron su influencia para proteger vidas. La quema de archivos, por otro lado, fue una estrategia que se repitió en varios puntos del país, aunque pocas veces se documentó. Era una forma de borrar el pasado para poder seguir adelante.

🌿 Memoria viva

Hoy, Rabanales conserva esas historias como parte de su identidad. La valla del balcón del ayuntamiento, aún en pie, podría convertirse en un homenaje a la memoria colectiva. A los que resistieron, a los que protegieron, a los que decidieron que la vida de sus vecinos valía más que cualquier ideología.

Y Don Pablo, el cura que se interpuso entre la muerte y su pueblo, merece ser recordado no solo como un hombre de fe, sino como un símbolo de coraje civil.


𝘚𝘦 𝘢𝘤𝘰𝘮𝘱𝘢ñ𝘢𝘯 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘧𝘰𝘵𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘴𝘢𝘭𝘷𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘪𝘯𝘤𝘦𝘯𝘥𝘪𝘰.

Acta del día 29 de agosto de 1915

En el pueblo de Rabanal, a veintinueve de agosto de mil novecientos quince, se reunió el Ayuntamiento de los Sres. Concejales que al final firman, bajo la presidencia del Sr. Alcalde Don José del Río.

Por leída y aprobada el acta anterior, se dio lectura a los Boletines Oficiales de la semana, quedando enterada la Corporación.

Por el Sr. Presidente se manifestó a la Corporación que era necesario tomar una medida enérgica y decisiva a fin de prohibir en absoluto el mal lenguaje que de algún tiempo a esta parte se observa en los vecinos de este distrito, particularmente en la juventud, respecto a la blasfemia, y discutido el asunto y teniendo en cuenta lo vergonzoso que es observar en un pueblo católico se pronuncien tales frases, acordó la Corporación por unanimidad se le imponga la multa de pesetas a todo individuo que se oiga blasfemar, avisando al Sr. Alcalde para que pueda hacerla efectiva.

Y no teniendo más asuntos de que tratar se levantó la sesión, que firman los Sres. concurrentes y de que el Secretario certifica.

(Firmas)
José del Río
Eusebio Fernández
Fabián González
Domingo Blanco
Agustín Gayo
Eusebio Cruz
Cecilio Gayo
El Secretario
Francisco … (firma ilegible)






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