Un pregonero de otoño

 


Epifanio, la voz que unió a Alcañices

En los atardeceres de Alcañices, cuando el sol se despide tímido por los aleros y los niños apuran sus juegos antes de que la noche los reclame, aún parece resonar el eco de una trompeta. Tres notas secas, inconfundibles, que paralizaban al pueblo entero. Era Epifanio, el alguacil, el pregonero, el hombre que durante décadas fue el portavoz de la vida cotidiana, el mensajero de lo público, el símbolo de una época que hoy recordamos con emoción.

📯 El ritual del pregón


A toque de trompeta, los hombres salían del bar, las mujeres se asomaban a las puertas, los niños dejaban de correr. “Se hace saber…” decía Epifanio con voz pausada, y el silencio se hacía ley. Recorriendo las calles principales, con paso firme y papel en mano, anunciaba desde bandos municipales hasta la llegada del pescado. Su presencia era respetada, su oficio, admirado. No necesitaba altavoces: bastaba su voz y su trompeta para convocar a todo un pueblo.

👤 El hombre detrás del aviso

Nacido en 1918, criado por sus abuelos Francisco y María, Epifanio fue vecino ejemplar, trabajador incansable y funcionario municipal durante toda su vida. Antes de acudir al ayuntamiento, cargaba leña a cuestas para calentar su hogar. Fue soldado en la División Azul y, al regresar, dedicó su vida al servicio público como alguacil de Alcañices.

Jugaba a la “subasta” en el café Central, saludaba con amabilidad a quienes acudían al ayuntamiento, y anunciaba con voz clara: “Se vende… pescadilla, palometa, congrio…”. Su figura era parte del paisaje humano del pueblo.

🗣️ Testimonios que lo honran

Darío Calvo, alcalde durante años, lo definió como “una institución”. Respetuoso con todos, colaborador incansable en las fiestas de San Roque y la Salud, Epifanio fue buen esposo, buen padre, buen vecino. “Con su fallecimiento, Alcañices perdió una gran persona”, escribió con afecto.

Tomás y Antonio Cerezal recuerdan su esfuerzo diario, su timidez, su compromiso. Gloria Castaño, recién llegada al pueblo en su juventud, quedó impresionada por sus ojos, su conversación pausada, su presencia serena. “Con su muerte se marcó el fin de una época”, afirma.

🕯️ Un legado que permanece

Hoy, después de las fiestas, Epifanio se convierte en memoria viva. Su trompeta duerme, pero su legado resuena. Fue el último vestigio de una Alcañices que vivía al ritmo del pregón, que se reunía en torno a una voz que no necesitaba micrófonos para ser escuchada.

Recordar a Epifanio es reivindicar el valor de lo auténtico, de lo sencillo, de lo humano. Fue pregonero, sí, pero también testigo de un pueblo que aún hoy lo honra como parte de su historia.





Comentarios

Entradas populares de este blog

🧦 Pepe Churra, el alma errante de Alcañices

Alcañices, visto por Manolo Prieto. Renacimiento

La memoria que nació en Aliste: vida, exilio y dignidad de Simón Katón Álvarez