🚌 Recuerdos sobre ruedas: los autobuses de Auto Res en la Aliste de los años 60
🚌 Recuerdos sobre ruedas: los autobuses de Auto Res en la Aliste de los años 60
En los años 60, cuando la vida en la Comarca de Aliste transcurría al ritmo pausado de los días rurales, los autobuses de Auto Res eran mucho más que un medio de transporte: eran un símbolo de conexión, de historias compartidas y de costumbres que hoy evocamos con nostalgia.
🚏 Rutas que tejían comunidad
Las rutas Zamora–San Martín del Pedroso y Zamora–Villadeciervos eran arterias vivas que recorrían los paisajes alistanos, con una parada especialmente significativa en Alcañices. Por las tardes, el autobús llegaba cargado de viajeros, maletas y anécdotas, y por las mañanas emprendía el camino inverso, devolviendo a cada uno a su rincón del mundo.
En Alcañices, la parada se convertía en un pequeño ritual: los churreros locales ofrecían churros recién hechos a pie de autobús, envolviendo el aire en aroma de masa frita. Era un gesto cálido que convertía la espera en un momento de encuentro. En Muelas del Pan, el Bar Tomasita hacía lo propio con sus sabrosos pinchos, que se ganaron fama entre los viajeros como un manjar imprescindible en la ruta.
En Alcañices, la salida y llegada de los autobuses de Auto Res no era simplemente un trámite logístico: era un auténtico acto social que marcaba el pulso de la villa. Especialmente la llegada, que despertaba una expectación casi festiva. Nadie quería perderse el momento: vecinos curiosos, familiares expectantes y comerciantes atentos se congregaban en la plaza mayor para ver quién venía, qué traía, y qué historias se sumaban al tejido de la comunidad.
Durante el verano y en días señalados, la demanda de transporte superaba con creces la capacidad habitual. Los dos autobuses asignados no bastaban para acoger a tantos viajeros, y la empresa se veía obligada a reforzar el servicio con autobuses particulares. Tres, cuatro, incluso hasta ocho vehículos llegaban a coincidir en la plaza, transformando el corazón de Alcañices en un hervidero de movimiento, voces y maletas. Era todo un espectáculo: una coreografía espontánea de motores, saludos, abrazos y despedidas que convertía cada jornada en un capítulo memorable de la vida alistana.
👦 𝐈𝐧𝐟𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐚𝐥 𝐫𝐢𝐭𝐦𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐛𝐮́𝐬
También en San Vitero, como en tantos otros pueblos alistanos, la llegada del autobús de Auto Res cada tarde era un verdadero acontecimiento. Los niños se reunían en la parada, expectantes, para ver quién llegaba, qué novedades traía el vehículo que conectaba su pequeño mundo con el resto del mapa. José Carbajo Ferreira recuerda con cariño cómo acompañaba a su padre, que acudía cada día con su carretillo
de madera a recoger las cajas de medicamentos para la farmacia. Aquel gesto cotidiano se convirtió en un ritual compartido, y el mejor regalo que recibió de niño fue precisamente un carretillo de madera pequeñito, hecho por el carpintero del pueblo, para poder acompañar a su padre en esa tarea diaria.
También recuerda la tristeza al subir al autobús rumbo al internado del Corazón de María, aunque el consuelo llegaba en forma de churros recién hechos en Alcañices, que endulzaban la despedida. Y cómo olvidar la algarabía en la estación de Zamora cuando llegaban las vacaciones: los niños corrían, reían, y la emoción de volver a casa llenaba el aire. Viajar hacia San Vitero era más que un trayecto: era una celebración de la infancia, de los reencuentros, de la vida en comunidad.
🏢 Estaciones con historia
La primera estación que muchos recuerdan estaba en la calle Molsalve, en los locales que hoy ocupa Mercadona. Más tarde, se trasladó a la calle Conde de Alba y Aliste, adaptándose a los cambios de la ciudad pero conservando su esencia de punto de partida y llegada, de despedidas y reencuentros.
Aún resuena en los oídos de quienes vivieron aquella época el característico anuncio que marcaba el inicio del viaje:
“Atención señores viajeros con destino a Muelas, Ricobayo, Fonfría, Fonillos, Ceadea, Arcillera, Alcañices, San Martín del Pedroso y Villadeciervos, pasen al interior del garaje por la puerta número 2, los coches se encuentran situados en dársenas 3 y 4.”
Era más que una llamada: era el pistoletazo de salida a una travesía cargada de paisajes, encuentros y memorias.
👥 El cobrador y el conductor: dúo inseparable
Los autobuses de Auto Res no solo llevaban pasajeros, sino también personajes entrañables que formaban parte del paisaje humano de Aliste. El conductor, con su gorra y su gesto firme, y el cobrador, ágil y atento, eran figuras familiares que conocían a cada viajero por su nombre. Juntos, eran más que empleados: eran confidentes, guardianes de horarios y testigos silenciosos de la vida que se movía entre pueblos.
🌄 Más que transporte, memoria
Hoy, aquellos autobuses ya no recorren las carreteras alistanas, pero su recuerdo sigue vivo en quienes los vivieron. Fueron testigos de una época en la que viajar era también convivir, compartir y saborear lo cotidiano. En cada churro en Alcañices, en cada pincho en Muelas, en cada saludo al cobrador, se tejía una historia que aún resuena en la memoria colectiva de la comarca.
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