🕊 San Vitero en Sepia
La Santa Cruz en los años 1960 al 1970: Fe, mercado y memoria
✝️ El Cristo del Campo: Devoción en andas
Cada 14 de septiembre, San Vitero se vestía de solemnidad para celebrar la Exaltación de la Santa Cruz, una romería que reunía a vecinos de toda la comarca de Aliste. En los años 60 y 70, la imagen del Cristo crucificado en andas, llevado por los hombres del pueblo, marcaba el inicio de una jornada donde lo espiritual se entrelazaba con lo cotidiano.
La procesión, encabezada por el párroco con casulla bordada, recorría el entorno de la ermita entre rezos, cánticos y promesas. Las mujeres, con pañuelos en la cabeza y vestidos sencillos, caminaban junto a los hombres de boina y chaqueta, formando un tapiz humano de fe y tradición.
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El mercado: trato, ganado y vida rural
La festividad coincidía con uno de los días más esperados por los ganaderos. En el mercado del Cristo, se negociaban vacas, cerdos y ovejas entre corrales improvisados de madera. Los tratos se cerraban con un apretón de manos y un vaso de clarete, mientras el murmullo de la plaza tejía historias de campo y familia.
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Música y baile: el alma de la plaza
Por la tarde, la plaza se transformaba en escenario. Las orquestas tocaban pasodobles, jotas y alguna canción moderna que llegaba por la radio. Los jóvenes, muchos de ellos emigrados a Madrid o Zamora, volvían al pueblo para reencontrarse con sus raíces. Las parejas bailaban, los niños correteaban, y los mayores observaban con esa mezcla de nostalgia y orgullo.
🍲 La mesa compartida: sabor y memoria
En cada casa, la comida era abundante y compartida. Garbanzos con chorizo, rosquillas caseras, vino clarete y pan de hogaza llenaban las mesas. La hospitalidad alistana brillaba: nadie se quedaba sin comer, todos eran bienvenidos.
📸 Pepe y Angelita Campante en el Cristo de San Vitero
En esta imagen detenida en el tiempo, Pepe y Angelita Campante se convierten en testigos silenciosos de una tradición que ha marcado generaciones. El Cristo de San Vitero no era solo un mercado: era el latido de la vida rural, el reencuentro de vecinos, el intercambio de historias, objetos y afectos.
Angelita, con su porte sereno y mirada firme, representa la dignidad de las mujeres alistanas, guardianas del hogar. Pepe, con gesto tranquilo y abrigo de paño, encarna la pausa del hombre que observa y escucha. Juntos, posan sin artificios, como si supieran que esa fotografía sería un legado.
El fondo de piedra, las ropas humildes, los utensilios colgados como joyas del trabajo diario… todo habla de una época en la que cada objeto tenía historia, cada gesto tenía peso, y cada rostro contaba algo más que lo que se ve.
🕰️ Un legado que perdura
Hoy, entre la prisa y el olvido, esta celebración sigue viva. La Santa Cruz en San Vitero no es solo una fecha: es una forma de estar en el mundo. Una memoria que merece ser contada, compartida y celebrada.
🐾 𝐂𝐚𝐦𝐢𝐧𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨 𝟏𝟗𝟒𝟓: 𝐄𝐥 𝐯𝐢𝐚𝐣𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐥𝐚 𝐟𝐞
En la fotografía sepia de 1945, dos animales avanzan por un sendero de tierra entre árboles y matorrales. Sobre ellos, los rostros serenos de quienes acudían a la romería del Cristo, vestidos con ropas humildes y miradas decididas. No hay artificio, solo camino. Así se acudía en los años 60:
🚶♀️ A pie, con promesas en los labios y esperanza en los pasos.🐴 En burro o mula, compartiendo el trayecto con vecinos y familiares.
🚲 En bicicleta o moto, cuando el progreso empezaba a asomar.
🚌 En autobuses organizados, para quienes vivían más lejos o ya no podían andar.
El viaje era parte del rito. Se cantaban coplas, se rezaba en grupo, se compartía pan y vino. Las carretas adornadas con flores y estandartes convertían el trayecto en una celebración ambulante. Cada paso hacia San Vitero era también un paso hacia la memoria. Porque la romería no era solo devoción: era comunidad, era reencuentro, era identidad.





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